UAD EMT 140

Pablo Rabinovich

El sonido inconfundible de la reverb de placa

UAD EMT 140

Te propongo adentrarnos en el mundo de las reverbs analógicas, donde la mecánica y la electrónica se unen al ingenio y la creatividad, para lograr una sensación intensa de espacialidad, aportando un toque extra de musicalidad y calidez a tus mezclas.

Existen varias formas de obtener espacialidad, que la industria musical a lo largo de su historia ha ido explorando, creando, recreando, y perfeccionando con el correr de los años.
Sin embargo, aún a sabiendas de que el salto tecnológico en todo este lapso ha sido impresionante, en materia de “musicalidad” no siempre lo último resulta ser lo más preciado.
Tal es el caso de las diferentes opciones de reverbs.

Hoy vamos a hablar de una de las reverbs más distintivas y musicales, que han acompañado al sonido de muchísimos discos célebres, desde su creación, hasta la actualidad: la célebre EMT 140.

Bajo un concepto único, debido a la naturaleza de su funcionamiento, la reverb de placa EMT 140 fue desarrollada por la empresa alemana Elektro-Mess-Technik (EMT).

El primer modelo data de 1957, y su invención se atribuye principalmente al ingeniero Wilhelm Franz, fundador de EMT.

Nota: Antes de su aparición, la única forma de lograr reverberación artificial en estudio era mediante cámaras de eco físicas, por lo que la EMT 140 representó un salto tecnológico enorme: por primera vez se podía disponer de una reverberación controlable y predecible sin depender de un recinto acústico.


Una idea simple, pero maravillosa

Se trata de un sistema electromecánico, diseñado para generar una reverberación artificial mediante una gran placa metálica muy delgada, de alrededor de 1 mm. suspendida dentro de un marco rígido, donde la señal de audio de entrada se convierte en vibración mecánica a través de un transductor, produciendo una serie de vibraciones que se propagan por la placa, las que finalmente se convierten nuevamente en señal eléctrica mediante uno o más transductores de salida.

El transductor de entrada era del tipo dinámico (electromecánico), similar al mecanismo de un altavoz, capaz de convertir la señal eléctrica en movimientos mecánicos en la superficie de la placa. El driver se encontraba acoplado mediante una pieza de goma o un soporte elástico, asegurando un contacto mecánico estable, pero con cierto grado de amortiguación. Este sistema requería de una etapa de potencia previa, ya que la corriente necesaria era equivalente a la requerida por un pequeño parlante.
En tanto que los transductores de salida eran del tipo
piezoeléctricos montados directamente sobre la superficie metálica. Este tipo de transductor genera una tensión proporcional a las vibraciones del metal.
Las primeras versiones eran mono, con un solo pickup. Luego (a partir de los 60s) se incorporaron dos transductores, ubicados en diferentes puntos para obtener una salida estéreo, a través de la captación de distintas zonas de resonancia de la placa, sumado a diferencias de fase y tiempo entre ambos puntos de captación.

El resultado de este sistema es un campo reverberante muy denso,  pero suave, con un decaimiento continuo, lo que le da su inconfundible carácter sedoso y musical.

Incorpora una etapa de preamplificación y ecualización de salida, basada en válvulas en las primeras versiones, o transistores  en los modelos posteriores, como la EMT 140 ST.
La amplificación a la salida de los pickups eleva la señal a nivel de línea, y adapta su impedancia. En tanto que el driver de entrada se alimenta desde una etapa de potencia separada.

Claro… supongo que al contarte todas estas maravillas acerca de esta reverb, querrás salir corriendo a comprarte una para tu estudio… Pero permitime que primero te ponga en aviso de algunos detalles:
Esta reverb ocupa un espacio que quizás no habías tomado en cuenta…

La EMT 140 es enorme! Mide aproximadamente 1,22 m de alto, por 2,30 m de largo, y 0,43 m de ancho.
Ah! Por cierto, su peso aproximado es de unos 270 kg.
El precio de este armario acústico en sus primeros tiempos fue de US$ 4.000 (equivalente hoy a más de US$ 40.000 ajustado por inflación). Esto la convertía en una pieza reservada casi exclusivamente a grandes estudios de grabación.

En la actualidad, EMT ya no fabrica las placas 140, aunque algunas compañías de restauración (como Studio Electronics en Alemania) ofrecen modelos reconstruidos con especificaciones originales.
En el mercado de segunda mano, una EMT 140 en excelente estado puede costar entre US$ 10.000 y 20.000, dependiendo de su configuración y de si conserva los módulos de amplificación originales a válvulas.

Por suerte, nuestros amigos de Universal Audio pusieron en marcha toda su capacidad para recrear meticulosamente no sólo todas sus características originales, sino lo más importante: el alma de su sonido.
El plugin UAD EMT 140 nos ofrece, en un entorno virtual, todo el potencial de esta pieza legendaria de la ingeniería del audio, agregándole funciones adicionales que la convierten en una obra maestra para la producción actual, ya que
los parámetros que podían ajustarse en las unidades originales estaban limitados solamente a los ajustes del tiempo de decaimiento (reverb time), controlado mecánicamente mediante una placa amortiguadora móvil, que se acercaba o alejaba de la placa principal, absorbiendo parte de la energía de vibración. En tanto que algunos modelos permitían además conmutar entre salidas mono o estéreo, y realizar un ligero recorte de graves o agudos mediante el módulo de amplificación.

El plugin UAD EMT 140 agrega una serie de funciones ausentes en las unidades físicas:

  • Tres modelos diferentes (A, B y C), cada uno con una curva tonal distinta, basados en placas originales de diferentes épocas.
  • Control de pre-delay.
  • Filtros de agudos y graves ajustables.
  • Balance wet/dry, 
  • Balance L/C/R
  • Control de la imagen estéreo
  • Control de modulación de la reverb


El plugin fue desarrollado mediante modelado físico y medición por convolución híbrida, una combinación que captura tanto la respuesta impulsional exacta de las placas reales como las no linealidades del sistema electromecánico.
UAD tuvo acceso a tres EMT 140 originales del The Plant Studios (Sausalito, California), donde realizó las mediciones.

El resultado es considerado por muchos ingenieros como una de las emulaciones más convincentes que existen de una reverb plate.
El plugin reproduce con enorme precisión el decay denso y uniforme del modelo original, incluso la ligera compresión natural que aparece en las placas reales cuando se las excita con señales fuertes.

Entre sus usos principales, podemos destacar las voces, baterías, cuerdas y secciones orquestales, e incluso pianos y guitarras, siendo especialmente efectiva en grabaciones analógicas o emulaciones vintage, donde su color se complementa con el tono de la grabadora de cinta y la suave distorsión de los equipos valvulares.


La EMT 140 ha dejado su huella en innumerables producciones, de la talla de los Beatles, Pink Floyd, Fleetwood Mac y David Bowie, entre otros.

Su color destaca especialmente en el pop clásico, soul, jazz, baladas y rock de los 60s y 70s, géneros donde se busca una reverb cálida, densa y natural.
Su carácter metálico, pero elegante, la diferencia de las reverbs digitales modernas, que suelen ser más limpias pero menos orgánicas.

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Decidí preparar este artículo porque he notado que muchas veces se da una confusión importante en cuanto a cuáles son las funciones del look-ahead y de los parámetros de envolventes en uno de los limitadores más reconocidos de la industria del audio profesional: FabFilter Pro-L2 Look-ahead, cuál es su rol en los procesadores dinámicos? El look-ahead es una técnica que le permite a un procesador dinámico “anticipar” su reacción ante señales transitorias. Se implementa dividiendo la entrada en dos copias: 1) Copia retardada: Se dirige al circuito que aplicará la modificación en la ganancia, desembocando en la salida de audio. 2) Copia sin retardo: alimenta el detector vía side-chain que se utiliza para medir el nivel y generar la señal de control. Como la señal de control se calcula sobre la copia sin retardo y luego se aplica a la señal retardada, el procesador consigue que la reducción de ganancia se inicie antes de que la transiente llegue al punto de salida. En la práctica equivale a un “tiempo de ataque negativo” porque el control puede empezar a actuar antes de que la transiente aparezca en la ruta de audio.  En el Pro-L2, este retardo interno establecido en milisegundos le permite al algoritmo anticipar picos y suavizar la reducción de ganancia evitando recorte abrupto de la señal. En la práctica, el look-ahead reduce artefactos intrínsecos a las variaciones muy veloces de ganancia, que suelen producir distorsión agregada. Sin look-ahead, para atrapar un pico necesitaríamos un ataque extremadamente rápido, y este tipo de reacción en un procesador dinámico, al implicar cambios de ganancia con pendientes muy pronunciadas, introduce nuevos componentes espectrales, ocasionando distorsión y “clicks”, lo que en el dominio digital puede producir intermodulación y aliasing. El look-ahead le permite al procesador moldear la etapa de ataque, empezando a reducir la ganancia antes de que la transiente aparezca, generando una pendiente efectiva menor para la misma atenuación, y de este modo reducir la distorsión. Envolventes: El Pro-L2 no divide la señal en ataque y sostenido, sino que divide la evaluación del nivel en componentes rápidos y lentos dentro del detector, generando una única envolvente de reducción de ganancia cuyo comportamiento temporal varía según el algoritmo ( Style ). De esa forma puede tratar transitorios y material sostenido de manera diferente, pero sin separar la señal en dos caminos. Pro-L2 utiliza detección híbrida (pico + envolvente) con componentes que atienden picos y componentes que siguen la envolvente RMS. La salida del detector se procesa para obtener el objetivo de ganancia. Esto afecta directamente el release efectivo. Attack: En el Pro-L2 este parámetro no funciona del mismo modo que en un compresor o un expansor. El parámetro de ataque en el Pro‑L2 define la duración de la etapa de transiente del algoritmo, determinando qué porciones del material se clasifican como transientes frente a sostenidos. En otras palabras, el attack define la ventana temporal de la transiente, no la velocidad de inicio de reducción. La asignación de un ataque corto le indica al limitador que la etapa de transiente es muy breve. Release: Operativamente, el release controla la velocidad con la que el limitador regresa a la ganancia unidad (reducción 0 dB) después de que la señal dejó de sobrepasar el umbral/ceiling. Es decir: determina la constante temporal con la que la señal de control (la ganancia aplicada) se recupera luego de un evento de reducción. Normalmente, los limitadores digitales suelen implementar el release aplicando un suavizado exponencial sobre la ganancia. El Pro-L2 implementa una etapa de liberación adaptativa dependiente del programa. En la práctica esto significa que el detector combina componentes de respuesta rápida para transitorios, y lenta ante una envolvente sostenida, para establecer la reducción necesaria. El tiempo efectivo de release varía según la magnitud y la duración de la reducción de ganancia: aumentos grandes de reducción suelen activar un release más largo. Asimismo, reducciones pequeñas o rápidas pueden liberarse más velozmente.
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Estás pensando en ella. Lo sé. Muchos lo sabemos. Pensás todo el tiempo en ella. - “Que luzca bien, que suene bien, que sea la mejor”- Tenés la esperanza (casi inconfesable) de que esta vez va a superar la belleza que le diste a la anterior. Y.. sí…hubieron otras antes. Pero para vos es como si siempre hubiese sido la misma, la única, tu primer amor. Y no te queda otra que pensar siempre en ella. A mí me pasa lo mismo. Por eso sé que, aunque la llames siempre de diferente modo (porque se presenta a vos con nombres distintos) vos siempre reconocés que es ella. ¿Cómo podría ser otra? Ella, la que a veces se te arrima tímida pidiendo que le enfatices los graves o que le sustraigas (con mucha delicadeza) los medios. La que otras veces irrumpe pateando la puerta de tu estudio y arranca, sin aviso ni conteo previo, con una transiente que te obliga a arrancarte los auriculares de un solo manotazo. O ésa que se muestra como una bailarina de ballet hasta que una subsónica hace estallar los monitores que cuidabas como a dos órganos primordiales de tu propio cuerpo. No importa. Nada importa. Vos le mejorás el look, tanto si llega rockera, rapera, trapera, popera, metalera, tanguera…era… era…¡Era ella!. ¡Es ella! La que sostiene vivo a un mundo hecho de silencios (o de ruidos insoportables). ¡Y vos sos nada menos que el responsable involuntario de vestirla de gala, y aún de desvestirla cuando cierta ropa está demás y oculta sus mejores atributos! Cada mañana te sentás frente a tu PC, entre cables verdaderos y plugins que simulan ser reales y empezás tu tarea única, irremplazable: embellecerla hasta que suene espectacular, sin siquiera cuestionar el estado en que llegó a tus manos. Cuando promedia el día te decís: “Ésta es la mejor de todas”. Y es lógico que atesores esa esperanza, porque no siempre ella viene hasta vos como te gustaría. Como cuando sentís que te llegó sin alma, o peor aún, ¡que nació sin alma! y te ves obligado a adornar su cuerpo vacío, fantasmal: ¡un engendro que nunca debió haber sido! Pero está ahí para deprimirte… pero no. Aun así, surfeando entre umbrales que bajan y envolventes que se adaptan a la increíble ausencia de arte, vos te la ingeniás para ungirla con tu propia visión de lo artístico. Sabés que miles de personas la van a escuchar, la van a disfrutar en compañía, gracias a tus decisiones tomadas en perfecta y total soledad. Y nadie va a pensar en tus horas allí sentado, ni en tus filtros patovicas decidiendo quién pasará y quién no, ni en tus regimientos decompresores poniendo un techo a piquetes de coros enmascarados, ni en tus reverbs escapadas de catedrales góticas, latiendo sutilmente escondidas en el corazón de ella, como si te nombraran sin nombrarte, imponiendo tu sello indeleble sobre miles de oídos alegremente distraídos. Todos bailarán al ritmo de ella y (mal o bien) la cantarán, disfrutarán la fiesta mientras vos volvés a sentarte para recibirla una y otra vez, siempre distinta pero igual , y recomenzar tu tarea de hacedor de lo invisible, sabiendo que no podés quedarte clavado, inmóvil, que tenés que mejorar, avanzar, que tu trabajo no puede terminar espejándose en mezclas de referencia que “vendieron bien”, para que todo siga sonando igual, con las curvas de ecualización esperadas y que ella se repita y reproduzca al infinito según el gusto formateado y congelado de la sociedad o de la industria del ruido secuenciado. A veces también te preguntás “¿Lograré dar una pincelada nueva para que ella pueda seducir desde otro lugar?” Te contestás que sí, y entonces empezás de nuevo. Te sumergís buceando en un océano delimitadores y expansores, como buscando vislumbrar una isla no habitada, desconocida hasta el momento. Pero a veces te decís que no, y querés irte lejos, subirte a un camión de carga sin carga, oteando el otro horizonte, ése que se escapa a medida que avanzás, sólo para dilatar tu propia felicidad. Es cuando encendés la FM a la derecha de tu volante y de repente la escuchás. Sí, es ella, la que masterizaste el año pasado. Y suena tan bien que tu camión emprende una curva de 180 grados, llegando al borde mismo de la cancelación, para regresar otra vez a tu estudio, a la magia de ese sonido que nadie nunca vio, ni podrá ver jamás. Ahora estás terminando tu jornada de trabajo y ella está otra vez en el éter, renovada, entrelazándose entre la gente con su vestido nuevo, audible, intangible como siempre. Descubrís que, a pesar de todo, tu profesión, que creció hasta convertirse en oficio (sí, sabés que el oficio es la evolución de la profesión) es un raro privilegio, aún en un mundo sonoro en evidente decadencia. 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